Cada gota cuenta: pequeños gestos para ahorrar agua también en verano

Cada gota cuenta: pequeños gestos para ahorrar agua también en verano

Del baño a la cocina, pasando por el jardín o la piscina, cambiar algunos hábitos cotidianos permite reducir el consumo de agua sin renunciar al confort

Con el verano, las temperaturas más altas y una mayor actividad en viviendas y zonas turísticas, el agua adquiere todavía más protagonismo. En una provincia como la de Lugo, donde la lluvia forma parte del paisaje durante buena parte del año, puede resultar fácil pensar que este recurso nunca escasea. Sin embargo, abrir un grifo sigue teniendo un coste ambiental y evitar consumos innecesarios está al alcance de cualquiera. Ahorrar agua no exige convertir la rutina doméstica en una carrera de obstáculos. Muchas veces basta con prestar atención a esos minutos en los que el agua corre sin que realmente la estemos utilizando.

El baño es uno de los mejores lugares para empezar. Cerrar el grifo mientras nos cepillamos los dientes, nos afeitamos o nos enjabonamos es un gesto tan sencillo como efectivo. También resulta recomendable optar por la ducha frente al baño y reducir el tiempo bajo el agua. Los reductores de caudal y las duchas eficientes permiten disminuir el consumo manteniendo el confort. La cisterna ofrece otra oportunidad. Utilizar correctamente los sistemas de doble descarga y comprobar que no existan pequeñas fugas ayuda a evitar un gasto continuo que puede pasar completamente desapercibido.

En la cocina ocurre algo parecido. No es necesario mantener el grifo abierto mientras realizamos otras tareas y electrodomésticos como la lavadora o el lavavajillas deberían utilizarse, siempre que sea posible, con cargas completas y programas eficientes. Incluso lavar frutas y verduras puede convertirse en una oportunidad para aprovechar dos veces la misma agua: hacerlo dentro de un recipiente permite reutilizarla posteriormente para regar las plantas. También es aconsejable descongelar los alimentos en la nevera en lugar de hacerlo bajo el grifo.

Y hay un enemigo silencioso que merece atención: ese grifo que lleva semanas goteando. Una pequeña fuga mantenida en el tiempo termina convirtiéndose en un desperdicio considerable. Revisar grifos, cisternas y conducciones y reparar las pérdidas cuanto antes evita que el agua desaparezca gota a gota sin que apenas nos demos cuenta.

En jardines y terrazas, especialmente durante los meses más cálidos, conviene regar a primera hora de la mañana o por la noche, cuando la evaporación es menor. Elegir plantas autóctonas y resistentes a la sequía, aprovechar el agua de lluvia y recurrir a sistemas eficientes como el riego por goteo también permiten reducir las necesidades de agua. Otra costumbre sencilla consiste en sustituir la manguera por una escoba para limpiar terrazas y espacios exteriores cuando el agua no sea necesaria. Porque, aunque resulte cómodo abrir el grifo, no siempre hace falta agua para limpiar.

Las piscinas privadas también requieren atención. Cubrirlas cuando no se utilizan ayuda a reducir la evaporación y puede evitar tener que reponer agua con tanta frecuencia. Mantener correctamente los equipos de filtración, comprobar posibles fugas y evitar llenarlas por encima de lo necesario son otras medidas que permiten prolongar el aprovechamiento de la misma agua.

La sostenibilidad doméstica no siempre empieza con grandes inversiones ni con cambios radicales. Puede comenzar cerrando un grifo unos segundos antes, poniendo una lavadora cuando realmente está llena o aprovechando un recipiente de agua para regar unas plantas. Son decisiones pequeñas por separado, pero repetidas cada día y multiplicadas por miles de hogares adquieren otra dimensión. Porque el agua más sostenible no es únicamente la que conseguimos reutilizar: también es aquella que nunca llegamos a desperdiciar.