El combustible en Lugo, sostenibilidad bajo presión

Gasolina, repostaje, gasolinera, diesel
photo_camera La política internacional repercute en el precio de los carburantes
Los precios han oscilado desde los mínimos de 2020 hasta el pico de 2022 y una corrección posterior; la volatilidad internacional y el peso de la movilidad diaria en una provincia dispersa condicionan el poder adquisitivo y el margen de las familias

En Lugo, como en el resto de provincias, el precio del combustible nunca ha sido solamente un número en las luces de las gasolineras. En cierto modo, también es un termómetro doméstico. El coste se cuela en la compra del mes, en el trayecto al trabajo, en la calefacción, en las mercancías que se transportan por carretera... Y, como todos los medidores, ofrece picos, valles y sustos.

En octubre de 2020, la provincia todavía vivía con precios que hoy suenan casi de otro tiempo: la gasolina 95 se movía en 1,165 €/l y el gasóleo A en 1,048 €/l, en lo que se refiere a la media. Pero comienzos de 2022, antes de que el mercado energético quedase marcado por el shock de la guerra en Ucrania y su efecto dominó, Lugo ya había escalado: enero de 2022 dejaba 1,523 €/l en gasolina 95 y 1,412 €/l en gasóleo. El salto fuerte llegó con el 2022 ya avanzado: en junio de ese año, el precio medio no incluía el descuento estatal de 20 céntimos por litro aprobado entonces, y aun así Lugo aparece en 2,143 €/l (gasolina 95) y 2,053 €/l (gasóleo). Fue el momento en que llenar el depósito se convertía en un calvario.

El mercado corrigió después, pero nunca volvió a las cotas de años atrás. En junio de 2023, Lugo figuraba con 1,588 €/l para gasolina 95 y 1,442 €/l para gasóleo. Un año más tarde, en junio de 2024, la provincia subió a 1,616 €/l (gasolina 95) y 1,491 €/l (gasóleo). En agosto de 2025, volvió a moderarse en gasolina (1,481 €/l), mientras el gasóleo se mantuvo alto para lo que muchos recuerdan como «normal» (1,446 €/l). Más cerca, en enero de 2026, ya imbuidos en el invierno y sus inercias, Lugo ofrecía unas tarifas de 1,439 €/l (gasolina 95) y 1,420 €/l (gasóleo).

¿Qué significa «sostenibilidad» cuando se habla del precio del combustible en una provincia como Lugo? A grandes rasgos, se traduce en resistencia, es decir, cuánto tiempo puede aguantar una economía familiar, o una pequeña empresa, sin que el gasto fijo en movilidad empuje a recortar en otra parte. El INE situó la inflación interanual de enero de 2026 en el 2,3% (con subyacente del 2,6%). Si el combustible se mueve por encima de esa línea durante meses, no solo encarece el trayecto: erosiona poder adquisitivo, porque multiplica su efecto a través del transporte de mercancías y servicios. Se nota primero en los márgenes, luego en los precios finales, y al final en esa sensación de que la cartera adelgaza sin avisar.

Lugo paga el combustible con una doble dependencia. Una, estructural: la dispersión y las distancias convierten el coche en herramienta básica, no en lujo. La otra, geopolítica: el precio del barril y de los productos refinados incorpora una «prima de riesgo» cuando el mundo se tensa. Estos días, la conversación global vuelve a un punto geográfico: el Estrecho de Ormuz. Reuters recuerda que por ese lugar transita en torno a una quinta parte del petróleo mundial (y también gas natural licuado), y que la expectativa de interrupciones dispara precios y fletes. El impacto no se queda en la pantalla de los mercados. El transporte por carretera pide medidas al Gobierno de España ante una subida que se considera previsible si el conflicto se prolonga.

Aun así, cuando alguien pregunta «qué se puede prever», conviene separar dos planos. En el plano base, el de los modelos con supuestos de continuidad, la EIA (la agencia energética de EE UU) proyecta un Brent medio en 2026 en torno a 58 dólares el barril y descenso adicional en 2027. Se apoya en crecimiento de producción y acumulación de inventarios. En el plano de riesgo, el de los sobresaltos, los escenarios cambian: Reuters cita una revisión al alza de previsiones a corto plazo ante la hipótesis de menores flujos por Ormuz y su efecto en inventarios. Dicho de manera sencilla: el pronóstico central puede apuntar a estabilidad o bajada, pero el precio real que paga una familia en Lugo puede pegar un salto si la política internacional estrangula rutas, seguros y suministros durante semanas.

Ahí está el corazón del problema para la provincia de Lugo: la «sostenibilidad» no depende solo de cuánto cuesta hoy llenar el depósito, sino de la volatilidad. Un precio alto pero estable se planifica. Un precio que sube y baja por sobresaltos externos convierte cada mes en una apuesta. Y esa incertidumbre, en un territorio en el que la movilidad es necesidad diaria, tiene un coste silencioso: obliga a aplazar decisiones, a apretar márgenes, a renunciar a pequeños gastos que sostienen la vida cotidiana. En Lugo, el combustible no es una línea más del presupuesto. Es un hilo que tira de muchos otros. Y por eso, cuando el mundo se agita lejos, en Lugo repercute en el clic del surtidor.

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