Es el primero en llegar al Pazo de San Marcos cada día, lo hace de madrugada, cuando las calles todavía están vacías. «Zipi», José Rodríguez, levanta las luces, pone en marcha la maquinaria y comprueba que todo está en orden para que, a partir de las 7.30 horas, cuando empiezan a llegar los trabajadores, nada falle.
Entre esas primeras funciones está clasificar el correo, cada vez más escaso, pero necesario para cumplir con los deberes institucionales, pero también repartir la prensa diaria en los distintos departamentos de la institución provincial. Recorre así todo el edificio que, después de 44 años de servicio, no tiene secretos para él.
El ahora jefe del servicio de Reprografía, empezó su andadura en la institución provincial en 1983, con Francisco Cacharo como presidente. Entre sus primeras funciones estuvo reparar algunas de las instalaciones del histórico edificio, un trabajo que ahora mantiene pero por gusto. Esos primeros años como ayudante de oficios le permitieron con el paso del tiempo aprender labores que han servido para dejar su zona de trabajo organizada y de revista.
Por sus manos pasa cualquier elemento que implique impresión y en su guarida conserva y mima cada producto que llega, desde ediciones de libros como soportes para la cartelerí. Es ahí en donde organiza y conserva parte de la historia provincial y hasta donde llegan los trabajadores cuando necesitan algo, porque saben que, por imposible que sea, «Zipi» puede hacerlo.
Ha visto pasar a siete presidentes provinciales y ha vivido momentos de todo tipo pero lleva años hablando y pensando en su jubilación. Hace apenas una semana reconocía que pospuso esta decisión “porque me lo pidieron, pero el viernes es mi último día”.
Durante estos años como trabajador provincial, «Zipi» ha reunido más de 10.000 pines, una colección entre las que se pueden ver elementos de fechas señaladas como el Xacobeo o también de instituciones, reconocen desde la administración provincial que la presidenta, Carmela López, le entregó los que le regaló la Casa Real, agradeciendo así el servicio a la administración.
El Pazo de San Marcos echará de menos a su guardián y los trabajadores notarán que falta esa persona a la que ir cuando surge una duda sobre “la casa”.