Tal y como apuntaban los pronósticos, Carmela López, alcaldesa de Burela, se ha convertido en la nueva presidenta de la Diputación Provincial de Lugo. Sustituye a José Tomé, que renunció al cargo el 12 de diciembre tras varios días de convulsión interna en el PSOE. Asumirá el mando en un escenario inédito: con el propio Tomé asentado como diputado no adscrito y con un gobierno que seguirá dependiendo del pacto entre los nueve representantes socialistas y los tres del BNG. Enfrente, el PP conserva las doce actas restantes.
Efrén Castro, presidente en funciones y vicepresidente de la Diputación, presidió el pleno extraordinario en el que se eligió a la nueva presidenta de la Diputación. El PP propuso como candidato a Antonio Ameijide, mientras que el PSOE hizo lo propio con Carmela López. El BNG renunció a presentar candidato, al igual que José Tomé, que afirmó: «me sumo á proposta do Grupo Socialista».
En la votación, Carmela López obtuvo en la primera ronda 13 de los 25 votos, por lo que, por mayoría absoluta, se convirtió a las 12.20 horas en la nueva presidenta de la Diputación. De esta manera, pasa a ser la segunda mujer que ostenta la presidencia de la institución provincial, después del breve mandato de Elena Candia (PP) entre junio y octubre de 2015. Su llegada a San Marcos completa un relevo que el PSdeG venía preparando bajo una consigna evidente: reconstruir el relato desde un perfil femenino, institucional y sin aristas, después de que el partido quedase a la intemperie durante los días más turbios de la crisis.
En su discurso de toma de posesión, afirmó que asume el reto «con ilusión». «A miña experiencia como alcaldesa, o cargo máis fermoso que se pode acadar na política, ensinoume a empatía, o diálogo e tamén a firmeza. Creo na política que pense na xente», agregó. La nueva presidenta se emocionó cuando agradeció el apoyo recibido por su familia y recalcó su procedencia de A Mariña.
María del Carmen López Moreno, Carmela, dio el salto a la primera línea municipal como concelleira del PSOE en Burela. En junio de 2023 se convirtió en la primera alcaldesa de la historia del municipio tras alcanzar un acuerdo de gobierno con el BNG. Antes, los socialistas la habían elegido como candidata destacando el trabajo realizado en áreas como Servizos Sociais y Mar. En el Concello, ha gobernado con el nacionalista Mario Pillado como teniente de alcaldía.
Durante los dos últimos años ha compaginado la alcaldía con responsabilidades en la Diputación. Llegó a la institución provincial en enero de 2024, cuando relevó a Mayra García, exalcaldesa de Trabada, y desde entonces asumió el área de Economía, Recadación, Facenda e Especial de Contas. Ese recorrido, unido a su experiencia en un gobierno de coalición, explica que su nombre ganase fuerza como pieza de encaje en un tablero que vuelve a exigir negociación constante con el BNG.
El ascenso de Carmela López se aceleró tras el estallido del caso Tomé. El martes 9 de diciembre, el programa Código 10, de Cuatro, difundió acusaciones de acoso y comportamientos machistas atribuidos al entonces presidente provincial, sosteniendo que seis mujeres habían denunciado por canales internos y que los hechos eran conocidos por la dirección socialista en Galicia y en Lugo. El miércoles por la mañana Tomé defendió su inocencia y anunció acciones legales, pero la presión del partido desembocó en una comparecencia a las 17.00 horas para formalizar su renuncia a la presidencia de la Diputación y a la secretaría xeral provincial. Aun así, avanzó que mantendría la alcaldía de Monforte y conservaría el acta como diputado no adscrito.
Con ese telón de fondo, el PSOE optó por una salida tan política como simbólica: entregar el bastón de mando a una mujer para reivindicarse como organización feminista y amortiguar el golpe reputacional. En la quiniela había tres nombres, pero dos quedaban prácticamente descartados por motivos distintos: Marisol Morandeira, alcaldesa de Guitiriz, fue una de las voces críticas con Tomé en las primarias provinciales de abril; y Pilar García Porto, alcaldesa de Antas de Ulla, arrastraba el lastre de aparecer señalada por su presunta pasividad pese a conocer las denuncias. Así, por descarte y por consenso, el foco terminó apuntando a Carmela López, una dirigente capaz de adoptar un perfil bajo, cercana en el trato y con fama de sensata, que evitó alineamientos explícitos en un PSOE atrapado en guerras internas.
Ferraz confirmó a Carmela López el lunes, minutos después de que el BNG enviase un comunicado de prensa en el que explicaba que apostaría por mantener el pacto de Gobierno con los socialistas en la institución provincial.
El siguiente paso pasaba por reabrir el Pazo de San Marcos y proyectar normalidad. En esa operación, Carmela López encaja por dos razones prácticas: ya gobierna en coalición en Burela con el BNG —fórmula que ahora deberá replicar en la Diputación— y representa un perfil femenino y conciliador con el que el PSOE pretende apagar el incendio sin avivar nuevas brasas.