Este es el carnaval que despierta la Ribeira Sacra: secretos del Entroido Ribeirao

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photo_camera Fotografías: FB Entroido Ribeirao.

En Chantada, el Entroido Ribeirao vuelve a tomar Santiago de Arriba con sus volantes, peliqueiros y mecos, en un espectáculo de colores, música y sátira que mantiene viva una tradición centenaria

En las ribeiras del Miño, donde el río dibuja meandros entre viñedos y socalcos imposibles, sobrevive uno de los carnavales más antiguos y singulares de Europa. El Entroido Ribeirao no es solo una fiesta: es una representación viva de la memoria colectiva, un ritual que mezcla sátira, historia y desorden festivo, y que cada invierno vuelve a tomar las calles de Santiago de Arriba, en el municipio de Chantada, para recordarle al tiempo que aquí aún mandan la tradición y la máscara.

El nombre delata su origen. “Ribeirao” remite a la ribeira, al territorio pegado al río donde durante siglos se escenificó este carnaval popular. No siempre fue así de reducido: hubo Entroido Ribeirao en parroquias vecinas como San Pedro de Líncora, Camporramiro o Ferreira de Pantón, y entre ellas existía una rivalidad casi épica por ver quién organizaba la celebración más vistosa. Todo se truncó tras la Guerra Civil, cuando estas fiestas fueron prohibidas. Hubo intentos de recuperación en los años noventa en distintos puntos de la Ribeira Sacra, pero solo Santiago de Arriba logró mantener viva la llama. Hoy es el último bastión del Entroido Ribeirao.

 

 

 

Lo que allí se representa no es casual. Durante cuatro jornadas —domingo lambedeiro, domingo corredoiro, domingo de entroido y martes de carnaval— el pueblo se transforma en un escenario donde se recrea el antiguo cobro de las rentas señoriales. Un teatro popular sin guion escrito, pero con papeles muy claros. Los Volantes encarnan a los señores; los Peliqueiros y Maragatos, a sus guardianes; y los Mecos, a los oficios y a la sátira social. Nadie habla, pero todo se entiende.

El ciclo comienza con el Domingo Lambedoiro, cuando el Entroido despierta a golpe de pasacalles. Desde la plaza de Santa Ana —en Chantada— las calles se llenan de disfraces animales, símbolos del final de la hibernación y del regreso de la vida. Es también el día de los encuentros: otros entroidos tradicionales de Galicia se suman a la celebración —felos, galos, troteiros, fulións— y, como no, el siempre esperado y temido Oso de Salcedo, que nadie quiere cerca… pero al que todos esperan ver.

El Domingo Corredoiro marca la entrada en escena de los grandes protagonistas. Los Volantes avanzan entre campanillas y colores imposibles, mientras los Peliqueiros abren paso a latigazos, imponiendo orden dentro del caos. Es el día de los “oficios”, pequeñas representaciones teatrales cargadas de ironía y mala uva, donde los Mecos ridiculizan comportamientos, roles sociales o temas de actualidad. El Entroido también es crítica, y aquí nunca ha perdido el filo.

El Domingo de Entroido es el más multitudinario. Los puestos de pulpo flanquean las calles y llegan personajes de otros puntos de Galicia, reforzando esa sensación de rito compartido. De nuevo aparece el Oso de Salcedo, tiznando de negro a los incautos, y la fiesta se desborda entre música, risas y persecuciones improvisadas.

Todo termina el Martes de Entroido con el “choro do pucho”, una ceremonia de despedida que mezcla melancolía y celebración. Las comparsas acompañan a los Volantes y la jornada concluye con una merienda popular donde no faltan los torriscos, los chorizos y las castañas. Porque en Galicia no hay fiesta sin mesa.

El alma del Entroido Ribeirao está en sus personajes. Los Volantes son inconfundibles: trajes rojos y amarillos, cinturones con hasta 24 campanillas y, coronándolo todo, el pucho. Este enorme sombrero, que puede pesar alrededor de 15 kilos, está decorado con cintas de colores —las colonias—, flores de papel y muñecos. Su forma recuerda al camarín de la Virgen y simboliza la fertilidad, recorriendo huertas y caminos para “despertar” a la tierra tras el invierno. A su alrededor se mueven los Peliqueiros y Maragatos, figuras más ásperas, cubiertas con pieles, harapos y máscaras toscas. Su función es proteger a los Volantes y mantener despejado el camino, aunque para ello tengan que recurrir al látigo. Todo ocurre al ritmo de gaitas, tambores y campanas, en una coreografía caótica que, año tras año, sigue funcionando.

No es casual que el Entroido Ribeirao esté declarado Bien de Interés Cultural. Su riqueza etnográfica ha sobrevivido intacta y ha cruzado fronteras: incluso apareció en el documental The Music of Strangers, junto al Silk Road Ensemble. Pero su verdadero valor está en el pueblo que lo sostiene, en la Asociación Entroido Ribeirao y en quienes, cada febrero, se colocan la máscara para que la tradición no se apague.

Este año, con la Semana Santa adelantada, el calendario llega antes de lo habitual. El 1 de febrero fue el Domingo Lambedoiro; este 8 de febrero se celebra el Domingo Corredoiro; el 15 llegará el Domingo de Entroido, y el 17 de febrero los personajes participarán en el desfile del martes de Carnaval en Chantada. Cuatro fechas para asomarse a uno de los carnavales más auténticos de Galicia, donde el pasado no se exhibe en vitrinas, sino que corre, salta y hace ruido por las calles.

Exposición fotográfica

Durante todo el mes de febrero, la Casa da Cultura de Chantada acoge una exposición fotográfica dedicada al Entroido Ribeirao. La muestra reúne una docena de fotografías y la proyección del documental O Moredo. A resistencia do Entroido Ribeirao, cedido por su autor David Vázquez (Pinancho), con el objetivo de poner en valor esta singular tradición etnográfica del municipio. En el acto, el Concello de Chantada reconoció la labor de la asociación “Amigos do Entroido Ribeirao” y agradeció a las personas que, de manera altruista, aportaron material para la exposición, organizada por la Oficina Municipal de Turismo. Podrá visitarse de lunes a viernes de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas, y los sábados de 10:00 a 14:00 horas.

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