La Muralla romana de Lugo sufre su primer gran derrumbe en más de dos décadas

Imagen del tramo interior de la Muralla romana de Lugo que se vino abajo en la rúa do Moucho tras el temporal de lluvias. PRADERO
Un tramo interior de la Muralla romana de Lugo se desplomó el sábado por la noche en la rúa do Moucho sin causar heridos, en el primer gran derrumbe en más de veinte años, un suceso que reabre el debate sobre la fragilidad de un símbolo bimilenario frente a los temporales y el paso del tiempo

La Muralla romana de Lugo volvió a recordar en la noche del sábado que, pese a su solidez milenaria, no es ajena al paso del tiempo ni a la fuerza de la naturaleza. Eran las 23.30 horas cuando un estruendo seco rompió la calma en la rúa do Moucho: un tramo interior del monumento, de entre seis y siete metros, se vino abajo sin previo aviso, dejando un amontonamiento de piedra y tierra en uno de los paseos más transitados del recinto amurallado. No hubo heridos ni daños en edificios cercanos, una circunstancia que muchos atribuyen a la fortuna de que no pasara nadie por allí en ese instante.

El desplome, ocurrido entre las puertas de Santiago y del Carmen, en una zona donde conviven viviendas, locales de hostelería y espacios culturales como el Pazo de Montenegro, obligó a la Policía Local a acordonar de inmediato el entorno. En cuestión de minutos, vecinos y curiosos se acercaron para comprobar con sus propios ojos el alcance del daño en el principal símbolo de la ciudad. Las piedras caídas —un volumen que podría rondar los 18 metros cúbicos, según las primeras estimaciones técnicas— evidencian la magnitud de un suceso que no se producía desde hace más de dos décadas.

Ignacio López De-Rego, responsable del Plan de la Muralla, durante la evaluación de los daños en la rúa do Moucho, donde el volumen de piedra desprendida podría rondar los 18 metros cúbicos. PRADERO

Aunque todavía se está a la espera de los informes oficiales, el temporal de lluvias que lleva días castigando Galicia aparece como el principal desencadenante del derrumbe, un problema recurrente en un monumento cuyo relleno interior sufre especialmente durante los inviernos húmedos. No es un episodio aislado en la historia reciente de la Muralla, pero sí el más importante desde el año 2002, cuando otro desprendimiento obligó a intervenir de urgencia en el lienzo exterior.

La relevancia del suceso va más allá del daño material. El derrumbe se produjo a escasos metros de un punto único en el mundo, donde confluyen tres Patrimonios de la Humanidad: la Muralla, el Camino Primitivo de Santiago y la Catedral de Lugo. Un recordatorio de la fragilidad de un legado bimilenario que sigue siendo parte viva del día a día de la ciudad.

Desde primera hora del domingo, técnicos de la Xunta comenzaron a evaluar los daños y a recopilar datos para definir los trabajos de desescombro y reconstrucción. La prioridad ahora es doble: garantizar la seguridad en la zona y devolver cuanto antes la estabilidad a un monumento que no solo define el paisaje urbano de Lugo, sino también su memoria.